Dos técnicas de caza, «a la carrera» y «a la espera», muy distintas. La primera se utiliza para cazar liebres con galgos, y es de una belleza increíble. La segunda se pone en práctica los días fríos de invierno, intentando pillar alguna paloma, escondido el cazador en la «covacha» por él construida para protegerse de la intemperie y para no ser visto por las palomas. Se deduce de todo ello que para cazar a una mujer se utilizará la técnica de la espera; es decir, por sorpresa.